Francisco Tapia

Francisco Tapia

Columnista

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A veces se gana y a veces se aprende

21 Diciembre 2015

Por Francisco Tapia

Hablando de negocios ¿a quién atribuimos la falta de cumplimiento de metas o el fracaso de nuestro proyecto o negocio? Existe una tendencia en culpar a factores externos a dichos fracasos, como: mal gobierno, situación económica del país, el perfil de nuestro cliente, el mercado, al equipo de trabajo, y me ha tocado escuchar que se debe al arrendador del local donde opera el negocio, ubicado en cualquier avenida de nuestra ciudad.

Sólo una minoría atribuye sus fracasos a ellos mismos, por falta de preparación suficiente para haber cumplido sus metas. En otras palabras, son pocos quienes toman responsabilidad de que lo que ven afuera es reflejo de lo que existe internamente.

Por lo general, el pensamiento de estas personas es que a veces se gana y a veces se aprende.

Cuando comprendemos que fracasar es un evento y no una persona, podemos capitalizar la experiencia para lograr ser mejores en nuestra siguiente oportunidad, dejando atrás supuestos culpables externos al dueño del negocio.

En mi experiencia, puedo poner de ejemplo uno de mis negocios actuales, que en el 2014 tuvo una caída en las ventas de hasta un 30% en comparación con el año anterior. Pude haber culpado al mercado, o a la situación económica del país, enfocando mi energía en tratar de justificar este decremento en las ventas.

Tengo que reconocer que me pasó por la mente varias veces este sentimiento de voltear a ver a todos, primero que a mí y a mi socio.

Afortunadamente, gracias a la educación continua y la retroalimentación de nuestro consultor de negocios, pudimos darnos cuenta que éramos los fundadores del negocio, quienes debíamos cambiar, pues, los negocios son el reflejo de los socios.

Si los socios no crecen, no invierten en su educación, en potencializar sus habilidades de liderazgo, ventas, finanzas y administración, el negocio también se verá mermado, pues nadie quiere trabajar en un ambiente donde el desorden y la falta de crecimiento imperan. 

A medida que los dueños del negocio crezcan, de igual forma la organización crece. Es así como se construye el talento y la permanencia del equipo de colaboradores. En nuestra empresa implicó seguir invirtiendo en nuestro crecimiento y sobre todo, reconocer nuestras debilidades como persona y como negocio.

En nuestro caso, descubrimos que después de seis años operando, nuestra pasión a este proyecto había disminuido de la misma forma que los ingresos. Las prioridades y el tiempo que le dedicábamos para operarlo había cambiado; incluso, lo que antes era divertido para nosotros ya no lo era.

El resultado de esta caída, fue darnos cuenta que había un aprendizaje muy importante y crucial para lograr la rentabilidad de nuestro negocio.

En primera instancia, fue necesario apoyar nuestras decisiones de la mano de un consejero o consultor que permitiera expandir nuestra visión. Cuando el emprendedor quiere resolver todo sin el apoyo de alguien más, es cuando podemos perdernos de lo que realmente es importante para la operación del negocio. 

Si estás pasando por algo similar en tu vida, es momento de aprender y  no de perder.

 

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